El tramo final del ciclo de Lionel Messi en la Selección argentina empezó con una llegada imprevista este viernes. Cerca de las 7 de la mañana, un vuelo privado procedente de Fort Lauderdale aterrizó en el Aeropuerto Internacional Islas Malvinas de Rosario con el "10", Antonela Roccuzzo, sus tres hijos —Thiago, Mateo y Ciro— y su madre, Celia Cuccittini. Desde allí, la familia fue directo a su casa en Funes para descansar, adelantándose al plan del cuerpo técnico, que esperaba su arribo recién para el domingo.

El viaje anticipado alteró los planes inmediatos del seleccionado. Tras la victoria 4-0 sobre Bolivia en Córdoba, el equipo jugará este sábado a las 21 ante Burkina Faso en River. Aunque está descartado que juegue —viene de completar los 90 minutos y marcar de tiro libre en la caída de Inter Miami por la MLS—, Scaloni dejó la puerta abierta para que se sume a la concentración si lo desea. Ahora resta saber si el rosarino se quedará el fin de semana en su ciudad o si viajará a Buenos Aires para acompañar al plantel desde la tribuna.

El partido central será el martes 6 de octubre a las 20 contra Benín, en el que será el encuentro número 208 y la despedida de Messi con la camiseta albiceleste. Cumplida la sanción de la FIFA de dos fechas con aforo al 50%, el Monumental estará repleto tras agotarse todas las entradas. Para la ocasión se prepara una serie de homenajes y el estreno de una camiseta conmemorativa para ese partido, diseñada con la bandera en sentido vertical, el Sol de Mayo en el centro y laureles dorados alrededor del número 10.

Con seis Mundiales disputados y una vitrina que reúne la Copa del Mundo de Qatar, dos Copas América, la Finalissima, el oro en Beijing 2008 y el Mundial juvenil de 2005, Messi, a sus 39 años, afrontará sus últimos entrenamientos bajo las órdenes de Scaloni. La noche del martes en Núñez pondrá el broche a más de dos décadas en las que marcó la historia del fútbol argentino.